DIOS EN LA HISTORIA
DIOS SALE AL ENCUENTRO DEL HOMBRE
El
hombre busca a Dios y Dios busca al hombre. Dos son los caminos para llegar a
la verdad: La razón y la fe como respuesta a la revelación. En este nivel
de nuestra clase de Educación Religiosa
Escolar (E.R.E.) vamos a reflexionar acerca de la naturaleza religiosa del
hombre, del deseo profundo y del esfuerzo que realizamos para encontrarnos con
ÉL. Sin embargo descubrimos que Dios es infinitamente más grande que nuestro
propio intelecto. Es por ello que amorosamente sale a nuestro encuentro
mostrándonos en la revelación lo que nuestra razón por sí sola no alcanza a
conocer. Nos enseña quién es Él, quiénes somos nosotros y cuál es el misterio
de su bondad para con nosotros. Lo hace porque quiere que nosotros podamos
encontrarnos con Él, lograr la armonía con nosotros mismos, establecer lazos de
comunión con los demás hombres y con el mundo creado y así alcanzar nuestra
realización y felicidad.
La Revelación llega
a nosotros por medio de dos caminos que iremos estudiando en este nivel: La Sagrada
Escritura y la Sagrada Tradición. Las cuales
están íntimamente unidas y compenetradas entre sí custodiadas y enseñadas por
el Magisterio de la Iglesia.
EL HOMBRE ES “CAPAZ” DE DIOS
¿Qué deseo
profundo encontramos en el corazón de todos los hombres?
Salmo 138:
Señor, tú me sondeas
y me conoces;
me conoces cuando me
siento o me levanto,
de lejos penetras
mis pensamientos;
distingues mi camino
y mi descanso,
todas mis sendas te
son familiares.
No ha llegado la
palabra a mi lengua,
y ya, Señor, te la
sabes toda.
Me estrechas detrás
y delante,
me cubres con tu
palma.
Tanto saber me
sobrepasa, es sublime, y no lo abarco.
¿Adónde iré lejos de
tu aliento, adónde escaparé de tu mirada?
Si escalo el cielo,
allí estás tú; si me acuesto en el abismo, allí te encuentro;
Este
Salmo nos habla de una verdad que todos podemos comprobar en nuestras vidas. El
deseo de Dios está presente en nuestros corazones, porque hemos sido creados
por Dios y para Dios. Él no cesa de atraer a los hombres hacia sí, y sólo en Él
encontraremos la verdad y nuestra verdadera felicidad.
San
Agustín decía «Tú eres grande, Señor, y muy digno de alabanza (…). Nos has
hecho para ti y nuestro corazón está inquieto mientras no descansa en ti».
El
hombre es naturalmente religioso, necesitamos de Dios para vivir. Si somos
sinceros con nosotros mismos y entramos en nuestro interior, podemos darnos
cuenta de que: “algo nos falta”. Sentimos nostalgia de algo que está más allá
de todo lo que el mundo nos pueda dar. En esta línea el Papa Benedicto señalaba
“El hombre lleva en sí mismo una sed de infinito, una nostalgia de eternidad,
una búsqueda de belleza, un deseo de amor, una necesidad de luz y de verdad,
que lo impulsan hacia el Absoluto; el hombre lleva en sí mismo el deseo de
Dios”. Hay una verdad que es innegable en nuestra vida: tenemos hambre de
Dios”. Y es en la búsqueda y respuesta a este Absoluto, en donde
encontraremos la felicidad total, aquella que sacia nuestra ansia y hambre de
eternidad e Infinito.
Esta búsqueda de
Dios se ha manifestado a lo largo de la historia en múltiples creencias y
comportamientos religiosos (oraciones, cultos, meditaciones) y en múltiples
expresiones culturales como la música, la pintura, la escultura o la
arquitectura. Estas formas de expresión son tan universales que podemos afirmar
que el hombre es un ser religioso.
Sin
embargo, algunos hombres pueden olvidar o rechazar a Dios. "Tales
actitudes pueden tener orígenes muy diversos: la rebelión contra el mal en el
mundo, la ignorancia o la indiferencia religiosas, los afanes del mundo y de
las riquezas, el mal ejemplo de los creyentes, las corrientes del pensamiento
hostiles a la religión, y finalmente esa actitud del hombre pecador que, por
miedo, se oculta de Dios y huye ante su llamada" (CIC 29). Pero Dios no
cesa de llamar a todo hombre a buscarle para que viva y encuentre la dicha.
Este encuentro exige del hombre todo el esfuerzo de su inteligencia, la
rectitud de su voluntad, "un corazón recto", y también el testimonio
de otros que le enseñen a buscar a Dios.
Sentimos
esta necesidad porque hemos recibido nuestra existencia de Dios. Eso es motivo
de alegría y de agradecimiento. Él nos ha formado, nos ha hecho "a su
imagen y semejanza", dejando su huella en nosotros para que lo busquemos
y, encontrándolo, seamos felices, hallando el verdadero sentido a nuestra
existencia. Por eso nuestro corazón está inquieto mientras no descansa en Dios.
Tengamos plena
conciencia de que Él nos ha creado y por lo tanto nos conoce más de lo que
nosotros mismos nos conocemos, Nos ha creado para vivir en amistad con ÈL. Él
es la fuente de mi vida y por lo tanto Él es el que me puede responder a los
cuestionamientos más profundos, quien puede responder a mis dudas y
aspiraciones.
¿Cuáles
son los caminos para alcanzar a Dios?
Dos
son los caminos que me permiten el encuentro con Dios y a lo largo de la
historia se evidencia cómo los seres humanos han expresado esta búsqueda a
través de las diversas religiones: la razón y la fe.
Desde
el punto de vista de la razón, Dios único y verdadero, nuestro Creador y Señor,
puede ser conocido con certeza partiendo de la misma creación. Analizando lo
que vemos, podemos seguir ciertos “caminos”, “vías” o “pruebas de la
existencia de Dios” que son argumentaciones sólidas de su existencia y de
sus características; lo que nos permite encontrarlo y acercarnos a Él. Algunos
de estos caminos van en la línea de mirar el mundo y lo que se manifiesta en
él; como el movimiento, la perfección, el orden de la creación, etc... Todas
las obras nos permiten llegar a la conclusión de la existencia de un Creador...
Igualmente, gracias a la luz natural de
la razón, el hombre puede mirarse a sí mismo, indagar en su interior y
percibirse volcado hacia algo eterno, lo que hemos llamado “nostalgia de
infinito” o “Hambre de Dios” que hace referencia a Dios mismo, a una serie de
signos de su alma espiritual y que lo lleva a acercarse a Él de manera natural.
En
conclusión, podemos afirmar que mediante su inteligencia, el hombre puede
llegar a conocer con certeza que Dios existe y conocer también algunas de sus
perfecciones y atributos.
El
otro camino que nos permite conocer a Dios es la fe como respuesta del hombre a
Dios que se revela para mostrarnos las verdades más íntimas de Sí mismo y de su
Plan.
Esta
realidad de conocer a Dios a través de la razón y de la fe es bellamente
expresada en la encíclica escrita por San Juan Pablo II, Fides et Ratio, donde
señala: “La fe y la razón (Fides et ratio) son como las dos alas con las cuales
el espíritu humano se eleva hacia la contemplación de la verdad. Dios ha puesto
en el corazón del hombre el deseo de conocer la verdad y, en definitiva, de
conocerle a Él para que, conociéndolo y amándolo, pueda alcanzar también la plena
verdad sobre sí mismo” (Fides et Ratio Introducción).
¿Cómo
hablar de Dios?
Esta experiencia
interior del hombre de “búsqueda” de Dios nos lleva a hablar de Él. Debemos
tomar conciencia de que se puede hablar de Dios a todos y con todos. Pero recordemos
que nuestro conocimiento de Dios es limitado, nuestro lenguaje sobre Dios lo es
también. Para decir algo acerca de Dios tomamos imágenes imperfectas y
representaciones limitadas.
Tomemos conciencia
que de Dios se puede hablar tomando como punto de partida la perfección de las
cosas creadas que encontramos a nuestro alrededor, como la bondad, la verdad y
la belleza, pero debemos saber que son sólo un reflejo de su grandeza, ya que
Dios supera infinitamente lo más perfecto de este mundo. Por ello, es necesario
purificar continuamente nuestro lenguaje, sabiendo bien que nunca podrá
expresar plenamente el infinito misterio de Dios.
Actividad
- Teniendo presente la lectura anterior, elaboren un mapa conceptual.
Referencias Bibliográficas:
- Catecismo de la Iglesia Católica.
Abreviaturas:
CIC: Código de derecho canónico.

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